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Friday, 27 February 2009

Israel ante los ojos del Mundo

ISRAEL ANTE LOS OJOS DEL MUNDO: LOS MODOS DE VER LOS MODOS EN QUE NOS VEN

Por MARCELO KISILEVSKI

I) SOBREDIMENSIONAMIENTO DE ISRAEL EN LA PRENSA INTERNACIONAL

Sea como fuere que Israel sea tratado en cada momento, lo cierto es que Israel es tratado mucho: aun cuando ocurren hechos que constituyen, desde un punto de vista periodístico puro, más noticia que lo que ocurre en Israel –por ejemplo, si en algún país de Africa mueren 5.000 personas en una matanza entre tribus, mientras que en la Intifada mueren 4 palestinos en un tiroteo con Tzahal- la noticia sobre Israel ocupará más espacio, sin importar, en principio, si es a favor o en contra.

Las causas a mencionar para este fenómeno pueden ser variadas:

-Religión: Israel está situado en la Tierra Santa, el lugar es sagrado para las tres religiones monoteístas, y de modo natural atraerá más atención que un lugar de Africa sin significado histórico y mítico para tantas culturas occidentales y orientales.

-Intereses geopolíticos: Israel es un país clave en las relaciones geopolíticas entre Estados Unidos y el Medio Oriente, relación originada en la Guerra Fría y que continúa hasta el momento. Además, cada candidato estadounidense necesita el voto judío para acceder al poder y por eso estará inclinado a una política pro-israelí. Pero la identificación norteamericana con Israel no se acaba en la política: desde el principio del Estado hubo un sentimiento de identidad entre la epopeya norteamericana y la judeo-israelí. Los medios norteamericanos cubren muchas veces el tema israelí como si se tratara de un barrio de Nueva York.

-Israel es una democracia y, como tal, permite y a veces estimula la cobertura abierta de los hechos que suceden aquí. Cuando los hechos no le son tan favorables, lo democrático se sigue imponiendo por sobre la necesidad de buena imagen. Se dice que el corresponsal extranjero puede entrevistar al primer ministro israelí con mayor facilidad que a cualquier ministro de bajo rango de su propio país.

-La venta de un drama conocido: la historia israelo-palestina es seguida por millones de espectadores como una serie o telenovela en capítulos, se identifican con sus personajes, distinguen entre los "buenos" y los "malos", se compadecen de los primeros y abuchea a los segundos mientras disfruta de las palomitas de maíz sentados en el living de su casa. Una historia como la de la muerte de un millón de ruandeses por inanición, o la matanza de tutsis y utus, a pesar de tener técnicamente hablando mayor valor periodístico (en periodismo lo más importante debe aparecer en primer lugar y más destacado) que 2 palestinos muertos por balas de Tzahal, son historias desconocidas, alienadas del público y que, por lo tanto, producen indiferencia: venden menos. Fuera de Milosevic, nadie conoce a los líderes de las facciones que lucharon en Yugoslavia. En cambio, todo el mundo sabe quién es Arafat, Sharón, Peres; quién fue Rabin, Netaniahu, Shamir, etc.

-Comodidad para el periodista: el periodista extranjero cubre la manifestación más sangrienta en Ramallah o en Hebrón, viaja media hora y lo envía por e-mail desde un hotel de 5 estrellas en Jerusalem o en Tel Aviv con vista de mar, pudiendo siempre encontrar israelíes amigables dispuestos a hablar. Cualquier otra guerra es más peligrosa. La matanza en Africa les pueden acarrear enfermedades y no cuentan allí con las facilidades tecnológicas y burocráticas con que cuentan aquí. Por otro lado, a algunos ministros y altos líderes israelíes se los puede molestar e incluso despertar a altas horas de la noche. Hay quienes atribuyen esto a un complejo de inferioridad israelí: Israel está deseoso que lo amen, más que otros países.


II) LOS DOS MODOS DE VER: DAVID BAR ILAN VS. JUDITH ELITZUR.

a) David Bar Ilán: se trata del ex editor del Jerusalem Post, que todos los viernes publicaba –hasta que pasó a ser asesor de comunicación de Biniamín Netaniahu- una columna llamada "Un ojo en los medios". En ella, analizaba con lujo de detalles noticias o artículos que estaban redactados de un modo no favorable a Israel. De hecho no es él el inventor de esta tradición, sólo utilizamos su ejemplo a modo didáctico. El primer grupo que se dedicó a monitorear la prensa antiisraelí y responderle en caso necesario fue Camera, un grupo norteamericano que se organizó en ocasión de la Guerra del Líbano. La concepción de Bar Ilán no es una teorización sino más bien una actitud, la de reaccionar cada vez que tratan mal a Israel. Esta visión sostiene que los medios –el mundo- toma a Israel como "el judío entre las naciones". Hoy no es "politically correct" ser antisemita, pero nadie impide ser antisionista, entonces la zaña va contra Israel. En todo caso, no podemos quedarnos de brazos cruzados ante las tergiversaciones y las exageraciones contra Israel, ya que así fue como comenzó la ola de antisemitismo en la era nazi.
Esta concepción ve una tendencia general de los medios a tergiversar la realidad, siempre en contra de Israel, con motivos ligados al antisemitismo. Según esta visión, existe una teología del rol del judío en el mundo. Jesús lo maldijo y lo condenó a ser el judío errante, el maldito, el condenado. Siempre y cuando los judíos estén en una posición de humillación, se ajustarán a la teología. Cuando no, cuando los judíos estén en una posición de igual a igual, o "cometan el pecado de ganar una guerra de legítima defensa", esto provocará la incomodidad de un Occidente acostumbrado a ver victimizados –a victimizar- a los judíos.

b) Judith Elitzur: teórica de la comunicación, Universidad de Tel Aviv. Ella plantea una teoría según la cual Israel y el mundo occidental construyeron juntos, en una relación dinámica, la imagen de Israel en los medios, una imagen que no siempre y no necesariamente fue o es negativa. Según ella, Israel participó activamente en la construcción de su propia imagen al estimular a los medios de comunicación a cubrir "el milagro de la creación del Estado de Israel" y a adoptar una actitud afectiva hacia el tema desde el vamos.
Ella plantea una historia de esta dinámica como una obra de teatro en dos actos, basada en lo que Israel quiere del mundo por un lado, y de los judíos de la Diáspora, del otro:

1° Acto: 1948-1967:

A los judíos: les pide ser visto como un país normal: después de 2000 años volvemos a nuestra tierra, éramos una nación sin tierra y ahora la hemos recuperado. Pedido concreto: aliá y apoyo político (lobby judío en EE.UU.) y económico.

Al mundo: le pide ver a Israel como un país especial: vean el milagro de la resurrección después del Holocausto, el milagro de la democracia, el kibutz, el desarrollo tecnológico, la ayuda al Tercer Mundo. Se hacen apelaciones concretas, cuando no manipulación, del tema del Holocausto, trabajando sobre la conciencia y los sentimientos de culpa de Occidente. Pedido concreto: dinero y apoyo. O sea: AFECTIVIDAD.

2° Acto: 1967-1991: los términos se invierten.

A los judíos: les pide ser visto como un país especial: es cierto que las imágenes de la TV muestran cosas molestas, como la Guerra del Líbano o la (primera) Intifada, y que en los medios cuando se muestra a Israel sólo aparecen soldados. Pero seguimos siendo "Eretz Israel Haiafá", la bella Tierra de Israel, con su democracia, su kibutz y su tecnología médica y agrícola. Pedido concreto: que no se olviden de nosotros, que sigan haciendo aliá y enviando dinero.

Al mundo: Israel quiere ser visto esta vez como un país normal. Normal es en esta etapa un país que, en su enfrentamiento con enemigos físicos peligrosos, puede cometer errores o excesos. "Normal" es Irak, que gasea a 5.000 kurdos en pocos días, o la URSS en Afganistán, Serbia en Bosnia, incluso EE.UU. en Vietnam, Irak, Granada, Nicaragua y más recientemente también en Afganistán. ¿Por qué nos tratan peor a nosotros –más espacio en la prensa y más zaña- relativamente, que a todos esos países? Pedido concreto: abandonar la doble vara, que a Israel se lo trate con la misma escala de valores que a los demás países. O sea: se le pide al mundo OBJETIVIDAD.

Israel como telenovela

Al fin y al cabo, dice Elitzur, Israel ayudó a construir una imagen de sí mismo en los medios basada en lo afectivo. Cuando la realidad no fue tan favorable, cuando en la televisión los bombardeos israelíes en el Líbano no eran tan fotogénicos como los israelíes llenando bolsas de arena en Jerusalem en vísperas de la Guerra de los Seis Días, la afectividad continuó, pero cambió de signo. Y no hay modo de convertir la afectividad en objetividad.

Véase el caso norteamericano: cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, Dwight Eisenhower, quien fuera comandante de las tropas aliadas en Europa y luego presidente de los Estados Unidos, ordenó que en todos los cines de Norteamérica se proyectara, antes de la película, el noticiario con imágenes de los campos de exterminio liberados por los aliados. El pueblo norteamericano en masa vio la imagen del horror. En el cine lloraban, miraban shockeados en silencio, o se paraban y gritaban e insultaban a los nazis. Esta escena primigenia puede ser tomada como el principio del romance norteamericano-israelí.

A partir de ese momento, los norteamericanos se hicieron adictos a la historia judeo-israelí, a la que ven como una telenovela en capítulos… y una telenovela se ve con el corazón, no con la razón. En una telenovela hay buenos y malos. A veces unos se cruzan al bando de otros, aquí por un capítulo, allí por cambio de contrato con el actor. Israel fue el bueno, el cowboy frente a los "indios" árabes, el John Wayne con el que los norteamericanos se podían identificar, hasta la Guerra de los Seis Días. A partir de allí, David se convirtió en Goliat, con la aparición del nuevo actor, los palestinos.

Pero no siempre el malo es malo. Israel fue bueno aquí y allá durante el segundo acto de Elitzur. Por ejemplo, cuando la Operación Entebbe en 1976. Los norteamericanos vieron en esta operación la cristalización en la realidad de la serie SWAT.

O en 1984, plena Guerra del Líbano, cuando éramos los malos –muy malos- de la película (ya había ocurrido Sabra y Shatila), Israel citó a los medios extranjeros. Les contaron a los periodistas que se estaba llevando a cabo una operación humanitaria secreta: la Operación Moisés. Podrían filmar, hacer reportajes, pero no publicar, hasta que se les diera autorización, pues lo contrario podría poner en peligro el rescate de los judíos etíopes. Todos los medios accedieron al pedido. La primera noticia fue publicada justamente por un medio israelí, no por uno extranjero.

CONCLUSION: LO BUENO Y LO MALO DE CADA CONCEPCION

La actitud de "en guardia" de la concepción de mundo planteada por David Bar Ilán puede ser problemática, en tanto eterniza el mito de que "todos nos odian" o cuanto menos, que "todo el mundo está en nuestra contra". Aun en tiempos como los de la Intifada de Al Aqsa, cuando se tiene la impresión de que esto es cierto, el estado de alerta debe ser eso, un estado de alerta, y no una actitud persecutoria. Si se monitorea toda la prensa y se destaca la prensa de calidad, que no es antiisraelí, se verá que no todos están en nuestra contra todo el tiempo. Es como la sensación que tenemos en los embotellamientos, aquellos que manejamos, de estar siempre en el carril más lento. Esto es así porque, puesto que "no duele", nuestra conciencia no registra los momentos en que ello es al revés.
Este es un aspecto para tener cuidado. Son muchos los casos en la historia judía en los que los ejes por donde ha pasado y pasa la identidad judía, en particular en la diáspora, ha pasado por elementos negativos. Son muchos los judíos que conciben la historia de nuestro pueblo como una continuidad de episodios de persecución antijudía con intervalos de paz, en lugar de como una de creación, florecimiento, aporte cultural, desarrollo, crecimiento, punteada de persecuciones. Para bien o para mal, -aunque suene controvertido hay que decirlo, y si genera debate mejor- es probable que los sucesos que tienen lugar al escribirse estas líneas –Intifada de Al Aqsa, ola terrorista palestina seguida del operativo israelí "Muro de Defensa"; ola de antisemitismo en Europa y de manifestaciones antiisraelíes en todo el mundo- generen un fortalecimiento de la identidad y la cohesión judías en el mundo. Es lo que se da en llamar la "identidad judía por la catástrofe".
Podemos coincidir con David Bar Ilán, en cambio, en que una actitud alerta, guardando las proporciones y tratando de reducir las pasiones y calmar las angustias, debe ser una constante. Quien haya acuñado la frase de que "el hecho de que alguien sea paranoico no significa que jamás lo persigan", pero tiene razón. Es decir, aunque pensáramos, como Elitzur, que la relación entre Israel y los medios de comunicación sea una de tipo dinámica y compleja, no desmiente el hecho de que exista mala intención, muchas veces de neto corte antisemita, en los medios de comunicación.
A la inversa, podemos aceptar el planteo complejizante de Judith Elitzur: no todos nos odian, la imagen de Israel en los medios ha sido construida de a dos e Israel ha participado del proceso; se trata de una telenovela en capítulos que se ve con los afectos y no con la razón. Ello sirve para calmar las angustias y, sobre todo, para elevar el nivel de análisis mucho más allá del "qué terrible, qué mal que nos tratan los medios".
Pero ello no debe ser una excusa para bajar los brazos. Es cierto que Israel pidió y disfrutó en un principio una actitud afectiva por parte de los medios, y que es tarde para volverla objetiva. Pero una visión excesivamente analítica, académica, nos puede llevar a una actitud complaciente, pasiva.
Lo ideal, pues, es hallar el punto medio. Muchas veces nos escandalizamos porque los medios reflejan algo que es verdad, o que no hay otro modo de mostrarlo. El caso de los disparos palestinos desde Beit Jalah al barrio de Guiló son una muestra. Allí, todo lo que tiene el lado israelí para mostrar es una imagen de un dedo señalando un diminuto agujero de bala en el marco de la ventana. En Beit Jalah, en cambio, los camarógrafos "festejaron" ante un enorme agujero de dos metros de diámetro, en una casa palestina, provocado por un obús de tanque, por el que se asomaba la inocente carita de un chico de ocho años. Si del lado israelí, para colmo, se juntaron manifestantes de ultraderecha enardecidos a gritar "¡Muerte a los árabes!", la imagen resultante en los medios no podía ser peor. Como lo dijera Shimón Peres: "Los medios no son antiisraelíes; la realidad lo es".
Y para hallar el punto medio, lo importante es estudiar la materia, para salir del fácil "qué barbaridad". Aquellos que cubren el conflicto, conocen posiblemente una versión contrahecha del conflicto, pero la conocen bien, mejor de lo que nosotros conocemos la nuestra. Para evitar exageraciones, y para no rendirnos a la pasividad.

Problema de la Hasbara

PROBLEMAS DE LA HASBARA:
EL TRIANGULO CANCILLERIA-PERIODISTA-ACTIVISTA


Por MARCELO KISILEVSKI


La Cancillería (Ministerio de Relaciones Exteriores) israelí se ve en problemas para una correcta hasbará, entendida como "esclarecimiento". A veces actúa en cooperación con los periodistas, dándoles información, abriéndoles canales, facilitándoles accesos a lugares y personas. Otras se encuentran enfrentados. En ese terreno es poco lo que la Cancillería por sí sola puede hacer: cualquier intento de contrarrestar la mala imagen es marginada de los medios por considerarlo propaganda pro-israelí. Es por eso que por diferentes vías, la Cancillería solicita el trabajo de los activistas judíos en el mundo. Estos pueden acudir a los medios de comunicación en carácter de independientes no interesados. No es lo mismo que un agregado de prensa de la Embajada israelí vaya al canal y les dé una película para que la proyecten en su horario central, que si van personas independientes en calidad de estudiantes de periodismo, por ejemplo.

Dilemas de la cancillería

1) Necesidad de decir la verdad + lentitud en la reacción.

Cuando un periodista pide comentarios a un vocero palestino sobre un incidente, por ejemplo una mujer embarazada que no se le permitió pasar la barrera de Tzahal al hospital y su bebé nació muerto, el vocero palestino, así sean las dos de la mañana, sacará "de la galera" una reacción: "Esto muestra una vez más el salvajismo de la ocupación israelí… la Intifada continuará… etc., etc.". El vocero de turno en la cancillería israelí, en cambio, tendrá que decir: "Déjeme chequear, averiguar qué pasó, y volveré a usted con la respuesta". Ese funcionario de la cancillería llamará al vocero del ejército, el cual localizará la unidad en cuestión, el jefe de la misma preguntará a sus oficiales, los cuales buscarán al soldado que estaba ese día en la barrera. Hasta que la respuesta llegue del soldado a la cancillería, habrán pasado dos a tres días. Pero el periodista necesitaba la respuesta en una hora. En los diarios uds. verán a menudo la frase: "Al cierre de esta edición la cancillería israelí no había emitido declaraciones comentando el caso".

2) Democracia israelí

Los palestinos no son democráticos. Ellos deciden quién puede hablar. En general es el mismo Arafat, Saeb Arikat y Nabil Shaat. En Israel no existe semejante limitación: el que es requerido puede hablar. Así, se multiplican las voces, que muchas veces dicen cosas encontradas, o cosas "inconvenientes" para la imagen israelí. Muchas veces se entrevista a oficiales del ejército para comentar la realidad en el terreno. Esto solo ya provoca una imagen terrible, sobre todo en Latinoamérica, donde todo lo que sea poder militar está mal visto.

3) La fuerza de la imagen

No se puede hacer o explicar (hacer hasbará) mucho contra una fotografía que muestra a un niño muriendo ante las cámaras.

4) Distorsión de los medios

Durante mucho tiempo los medios mostraron la Intifada de Al Aqsa como lo fue la primera: niños tirando piedras contra soldados y tanques israelíes que disparaban. Sólo que detrás de los niños, esta vez, había francotiradores palestinos y contra ellos era el fuego israelí. Lo mismo cabe decir del tipo de texto en las notas periodísticas.Es famosa la foto de AP del soldado israelí supuestamente pegándole a un joven palestino cuando en realidad era un joven estudiante de una ieshivá y el soldado estaba espantando a sus atacantes palestinos.

5) Respeto a la privacidad

Los palestinos no tienen problema en mostrar cadáveres con las heridas de bala. Los israelíes ven esto como inaceptable. Sólo en contadas ocasiones la Cancillería solicitó permiso de las familias para mostrar a la prensa imágenes de los cadáveres mutilados por balas o bombas, y éstas se negaron. En ocasión del atentado en la línea 5 en Tel Aviv, periodistas lograron filmar la escena del atentado mostrando cadáveres destrozados, y la opinión pública israelí reaccionó muy mal.

6) Política de defensa vs. Hasbará

Muchas veces lo que decide el ministerio de Defensa va en contra de lo que el de Relaciones Exteriores entiende como conveniente para la imagen israelí. En especial, la reacción demasiado rápida por parte de Israel a los atentados. El lanzamiento de represalias el mismo día del atentado provoca que los titulares del día siguiente ensombrezcan el atentado y destaquen la respuesta israelí, que suele tener un valor noticioso –cantidad de muertos palestinos- mayor que el de víctimas israelíes.
Otro ejemplo es la colocación de un tanque en Guiló apuntando a Beit Djala. El mismo no tiene más objetivo que contener la angustia de los vecinos de Guiló, que sientan que están protegidos, que el ejército hace algo. Pero el tanque no está ahí para disparar. Un niño palestino se colocó delante del tanque en gesto de tirar una piedra. Un fotógrafo tomó la imagen desde atrás, en la que parece que el tanque avanza sobre él y está por atropellarlo, cuando en realidad está quieto. La idea de la cancillería es que ese tanque allí hace más daño que beneficios.

Lo que intenta hacer la Cancillería

- Desarrollo renovado de los dptos. de Prensa, Hasbará, Información y Relaciones Públicas.
- Eventos de hasbará, como el Congreso Internacional de Alcaldes.
- Películas de hasbará distribuidas para los canales extranjeros.
- Una amplia página de Internet: www.mfa.gov.il
- Campaña ante políticos y militares para que tengan en cuenta el aspecto hasbaratí cuando deciden sus políticas.
- Intentar postergar acciones militares para aumentar el "tiempo de pantalla" de los atentados.
- Intentar que Defensa abra los sitios de los atentados, cuando éstos ocurren, a la prensa, que no los cierre tan rápido.
- Intentar que el Portavoz de Tzahal aumente su velocidad de reacción.
- Enviar académicos por el mundo a dar conferencias.
- Buscar la articulación de un mensaje unificado a través de un grupo reducido y permanente de portavoces.


HACIA UNA POSIBLE NUEVA LINEA DE HASBARA

Desde la Cancillería israelí surgen voces profesionales que llaman a los activistas de hasbará a una línea que, aunque igualmente comprometida con Israel y sus valores, sea de distinto corte, más honesto, más creíble. Los asesores y expertos del gobierno en medios de comunicación indican que una hasbará que se dedique a responder punto por punto todos los ataques, demostrando que Israel tiene razón en absolutamente todo, no sólo puede no reflejar lo que pensamos, sino que es inefectivo a la hora de conquistar los corazones de la gente. Lo que es monolíticamente a favor de Israel es tomado en los medios de comunicación como "propaganda israelí" o "bajada de línea", y descartado como carente de valor periodístico.
Una posible nueva línea de hasbará es la que gira alrededor de la crítica a ambos lados del conflicto y a la complejización de las lecturas del conflicto. De un maniqueísmo grueso, en el que los israelíes aparecen como los malos y los palestinos como los buenos –o, en la versión de la izquierda latinoamericana: los israelíes son los burgueses y los palestinos son los proletarios, y el conflicto palestino-israelí no es otra cosa que una continuación de la lucha de clases-, pasar a una descripción que distinga a los actores nocivos de las víctimas inocentes en el lado israelí y en el palestino. Señalar los errores de nuestro lado, empezando por el simple hecho de que podemos equivocarnos, nos hace también creíbles a la hora de señalar los errores y los crímenes palestinos.
Tomemos el caso de la operación "Muro de Defensa". El primer ministro Ariel Sharón tuvo buenos motivos para lanzarlo. Algunos fueron justificados: la ola de terrorismo que lo precedió fue la mayor de la historia del conflicto, con hasta dos atentados suicidas por día, el mayor de los cuales tocó la fibra más íntima de todo el pueblo judío, cuando un terrorista estalló en el medio de un Seder de Pesaj en el hotel Park de Nataniah. En pocas palabras, no se podía no hacer nada.
Pero Sharón tuvo también consideraciones políticas de corte personal, pues varias amenazas se cernían sobre él y su continuidad en el liderazgo. Su popularidad había bajado en las encuestas, desde un 78% con que empezó su mandato, a un 45%. La gente pedía una reacción. En su coalición, los partidos a la derecha del Likud se retiraron cuando Sharón renunció, en el marco del plan Mitchell, a los siete días sin atentados palestinos como condición para comenzar a implementarlo. En el plano intrapartidario, el ex primer ministro Biniamín Netaniahu amenazaba con ganarle las elecciones internas con sus llamados a una actitud agresiva hacia la Autoridad Palestina. Sharón tenía que hacer lo que Netaniahu propugnaba –y aun más- si quería sobrevivir políticamente. Sharón podía adoptar otra estrategia, como la de atacar solamente a las organizaciones terroristas –Tanzim, Hamás, Jihad-, y seguir intentando negociar con la Autoridad Palestina sin humillar a su líder, y ganando espacio en la batalla de la imagen. Pero hubiera tenido que pagar un alto precio político personal.
Señalar este aspecto –que puede estar sujeto a discución, pero que vale a los efectos de ilustrar el principio de ser autocríticos- no es ilegítimo. Menos aún si lo acompaño con la lectura igualmente incisiva del tipo de liderazgo que encarna Yasser Arafat. En lugar de ser un Anwar Sadat, el líder egipcio pragmático, el palestino eligió apostar a la imagen de Saladino, el mítico conquistador que barrió con los cruzados en el siglo 12 y reconquistó Jerusalem para la nación árabe. Su aspiración a la justicia total abstracta y con tinte religioso islámico es la que le impide llegar a cualquier acuerdo con Israel, pues cualquier cosa que firme implicará una conceción de su parte y, por ende, una traición. Su apuesta, hoy en día, no es a llegar a la concresión de un estado palestino con Jerusalem como su capital, sino al perfil que ocupará su estampa en la historiografía palestina, empezando por los libros de historia escolares. De ese modo trágico, desde siempre, ha estado llevando al sufrido pueblo palestino a la traición.
Esto no es solamente lo que cree el que firma estas líneas. Lo opino como contenido y lo impulso como línea de hasbará, a saber, la distinción entre un liderazgo autoritario, corrupto y contraproducente para los propios intereses, y el pueblo palestino, al que se le merece reconocimiento de su derecho a la autodeterminación, pero que una y otra vez ha sido manipulado por un liderazgo insensible a los intereses de la calle. Un liderazgo que durante los años de Oslo, en lugar de construir "el estado en camino", se dedicó a alimentar a una burocracia ociosa y adicta y a abultar cuentas bancarias personales en el exterior.
Mientras en la prensa se pudo disfrazar de "Che Guevara" del siglo 21, se debe intentar explicar a la opinión pública que el estado palestino bajo el régimen de Arafat, si se creara, sería de tipo jerárquico, casi de castas, más al estilo de república bananera que bajo el modelo de justicia social.

EL CASO JENIN

Si se toma el ejemplo de Jenín, allí la batalla de la imagen es encarnizada. De nada vale intentar desmentir la destrucción total. Se deben señalar errores, o admitir su posibilidad. Existen testimonios, tanto palestinos como de soldados israelíes, según los cuales, antes de destruir una casa "emboscada", es decir, con bombas camufladas, el ejército avisaba con megáfono a sus habitantes para que estos la abandonaran. Pero existieron casos, si bien pocos, en los que no se avisó. Los cadáveres quedaron bajo los escombros.
Todavía no se sabe –y probablemente no se sepa nunca a ciencia cierta- cuántos muertos palestinos hubo en Jenín. Los palestinos denuncian 500; los israelíes aseguran 46. El problema estuvo en que luego de la retirada, el ejército mantuvo la ciudad cerrada a la prensa, tanto local como extranjera, durante tres días. Se habían corrido rumores de que los palestinos habían mantenido los cadáveres en las casas, sin enterrarlos, para que cuando el ejército se retirara, los sacaran a las calles para fraguar imágenes de una matanza estilo Sabra y Shatila. En esos tres días, el ejército sacó los cadáveres y los entregó al hospital de Jenín para que luego fueran enterrados normal y dignamente. A los cadáveres de los palestinos armados, Tzahal los enterró en un cementerio especial para terroristas ubicado en el Valle del Jordán.
Pero esos tres días de censura sirvieron para que el corresponsal de la CNN –en inglés- comenzara su nota, al entrar en Jenín, vacía de cadáveres y llena de escombros, de esta manera siniestra: "El ejército israelí nos ha traído aquí para que viéramos lo que ellos denominan 'el mito de la masacre de Jenín'". No solamente está poniendo en tela de juicio la versión del ejército ("lo que ellos denominan"), sino que está determinando el hecho de la masacre como indiscutible cuando en realidad no le consta, algo que un periodista serio tiene prohibido hacer.
Los errores y las críticas, así, deben ser repartidos de modo honesto y sin concesiones a ninguna de las partes. Porque es justo, pero también porque es más creíble. En este episodio, los expertos de medios en los ámbitos gubernamentales pusieron el grito en el cielo. El ejército no sólo debió haber dejado que entraran los periodistas inmediatamente con el retiro de las tropas. Debió llevarlos con ellas a la mismísima operación. El valor de proteger las vidas de los profesionales de medios se miniaturiza frente al tamaño gigantesco de las quimeras a que da lugar.
Sólo así la prensa internacional hubiera entendido lo que se intentó hacer allí. Cuando un ejército se enfrenta con un enemigo en una zona poblada, lo que normalmente hace es enviar su fuerza aérea a "barrer" con todo, pues no puede saber en qué punto hay enemigos armados, en cuáles hay bombas ocultas y en dónde están los civiles inocentes. Sólo después entra la infantería y demás fuerzas terrestres, para ocupar un terreno que prácticamente no se puede defender. La victoria como prioridad se impone a la de las vidas inocentes, sobre todo si éstas son del bando enemigo. Es lo que hizo Estados Unidos en Irak y en Afganistán. Sólo que en esos casos la prensa no pudo cubrir la masacre, que allí sí fue verdadera.
El ejército israelí, en cambio, -y repito, puedo decirlo con credibilidad, más allá de toda "bajada de línea", porque ya he dicho lo que pienso del operativo en su conjunto- ha querido precisamente evitar en todo lo posible la muerte de civiles inocentes y ha renunciado a poner en acción a su fuerza aérea. En cambio, envió a sus infanterías y blindados de tierra directamente, exponiéndolos a los ataques de guerrilla urbana. Cada compañía que llegó a la ciudad, perdió por lo menos a dos de sus soldados en primera línea, varias veces su comandante, por disparos desde las casas de los civiles en "resistencia". Sólo así los soldados israelíes entendían a qué se estaban enfrentando. Así, pasando casa por casa, la mayoría de ellas entrampadas con cargas explosivas, los soldados fueron destruyendo parte de ellas, pasando de pared a pared, avisando previamente a los habitantes.
En los casos en que no hubo aviso, ello deberá ser investigado, y las violaciones a los derechos humanos deberán ser investigadas y castigadas. También deberán ser revisadas las denuncias de saqueos por parte de soldados. Desde un punto de vista moral esto es lo justo, y es la exigencia que como judío tengo que imponerme. Desde un punto de vista de hasbará, al mismo tiempo que señalo la desproporción con que se critican las violaciones a los derechos humanos cometidas por Israel con respecto a todas las violaciones de tales derechos en el resto de las guerras, nuestra autocrítica siempre ha sido motivo de respeto.
Los medios hablaron de "resistencia casa por casa", enrolándose a favor de una de las partes, cosa también prohibida para un periodismo serio, cuando lo que hubo fue un combate encarnizado, aunque desigual. El término "combate" es justo aunque la imagen engañe y haga creer en la "resistencia": ningún medio señaló el derecho de Israel a defenderse de los suicidas que mataban a civiles inocentes que no podían "resistir", y que fueron enviados desde Jenín.

HACIA UNA HASBARA MAS FOTOGENICA

Sólo que toda esa explicación acerca de la fuerza aérea y la infantería es demasiado larga para una nota televisiva de un minuto y medio como máximo. Este es el nudo gordiano del fracaso de la hasbará israelí frente a la propaganda palestina. En términos esquemáticos se puede decir que la hasbará (que viene de lehasbir, explicar) apunta a la razón, en tanto que la propaganda apunta al corazón. Pero la Cancillería israelí siempre se ha opuesto a las técnicas propagandísticas por diferenciar los dos términos de un modo diferente: la hasbará es decir la verdad; hacer propaganda es mentir, manipular.
Así, frente a las imágenes de palestinos pobremente armados cuando no niños con piedras, enfrentándose con tanques israelíes, nuestra respuesta fue colocar un vocero, muchas veces, lamentablemente, un militar, a "explicar". No digo que esto sea evitable, sobre todo cuando el productor es el periodista de la cadena de televisión, que siempre va a encontrar algún militar con ego suficientemente grande como para resistir la tentación de "explicar" qué fuerte es y cuánta razón tiene. No es evitable, en tanto tengamos un ejército que sólo reconoce criterios operativos, y jamás los de imagen, el cómo se verá la operación por televisión. Como dijo algún periodista pro-israelí (que los hay): "Israel debe aprender a peinarse antes de salir en la foto". Se trata, en suma, por ahora, de una batalla perdida.
Por mi parte, propongo que hemos renunciado a los recursos "publicitarios" con demasiada premura. No alcanzan todas las explicaciones, todos los análisis de la prensa hostil, todas las denuncias a través de Prensa Veraz y Malas Noticias, iniciativas nobles de por sí, porque todas ellas apuntan a la razón y no al corazón.
Una contraofensiva debería reconquistar los medios visuales, fotogénicos, que a los medios les dé ganas cubrir. Un acto proisraelí en el salón de la Federación Sionista tampoco tendrá repercusión. Se debe salir a la calle, como lo hicieron ya muchas comunidades en varios países, pero con más color, con soltadas de globos y de palomas, con banderas palestinas e israelíes (sí, incluso esa audacia) marchando y bregando juntas por la paz, con jóvenes disfrazados de palomas, provocando risas y simpatía. O sacudiendo las conciencias, disfrazándose de víctimas del terrorismo tiradas en las aceras con jugo de tomate en todo el cuerpo. Véanse las marchas contra la globalización. Salvo los choques con la policía, toda creatividad debe ser válida.
¿Qué pasaría si, en lugar de una larga explicación acerca del tipo de líder que es Arafat, saliéramos a empapelar las calles y las universidades latinoamericanas con un póster como este? Los dejo con él y quedo a la espera del debate. Hasta la próxima.












¡NO SE EQUIVOQUEN!




ARAFAT NO ES EL CHE GUEVARA

· Es un líder nacionalista, no socialista.
· Es un líder autoritario y corrupto, lejos del sentir de su pueblo.
· Si se crea el estado palestino, y Arafat es su presidente, será un estado opresor y jerárquico, lejos de la justicia social.
· Podía haber creado ya el estado palestino con Jerusalem su capital.
· Pero entonces hubiera tenido que resolver los verdaderos problemas de la gente.
· Arafat no ha construido el estado palestino a pesar de haber gobernado durante los años de Oslo al 90% de los palestinos.
· En cambio, se ha dedicado a embolsar dinero en cuentas suizas y a enriquecer a sus amigos.
· Ha traicionado al pueblo palestino y lo ha manipulado, llevándolo al desastre actual.

SÍ A LA PAZ ENTRE ISRAELIES Y PALESTINOS

NO A LOS LIDERAZGOS REACCIONARIOS

POR LA PAZ Y LA COMUNION ENTRE LOS PUEBLOS